JAISALMER

Las distancias en India son enormes, una normalidad en el séptimo país más extenso del mundo. Para alcanzar la ciudad de Jaisalmer en el desierto del Thar, desde Bikaner, todavía quedan más de 300 kilómetros en una jornada maratoniana de coche.

El panorama de alguna manera cambia radicalmente en este terreno cercano a la frontera con Pakistán. La proximidad al desierto evidencía un territorio más seco con influencia de camellos en la carretera y pocas poblaciones de relevancia durante el camino, un ambiente más rural y nómada.

Una anécdota divertida y entretenida del día, a primera hora de la mañana y al salir de Bikaner, fue ver un elefante en medio del pueblo.

Un paquidermo adulto y pintado con colores típicos dirigido por un local ataviado para la ocasión. La cara y la trompa estaba pintada con colores vivos para hacer referencia a la diosa “Ganesha”, una de las más representativas y queridas del hinduismo. Símbolo de suerte y prosperidad. Tanto propios como extraños disfrutamos de un momento único, casual y espontaneo.

En las cercanías de Jaisalmer y debido a la tensión y proximidad con el país vecino de Pakistán, está instalado el ejercito en un fortín y complejo espectacular. Aquí es normal ver todo tipo de vehículos militares pesados y no tan pesados.

Después de realizar la entrada en el hotel, que finalmente y después de discusiones cambiamos al que teníamos contratado, realizamos la visita a los cenotafios de Bada Bagh, con la tarde ya bien echada encima.


Alerta! Antes o después, es cuestión de tiempo, intentarán estafarnos de una manera u otra. El personaje indio, por naturaleza y tampoco quiero generalizar, encontrará siempre un resquicio para intentar obtener un beneficio económico que recaiga en nuestro bolsillo. En este caso intentaron alojarnos en un hotel de escasa categoría al que teníamos contratado. Después de mucho discutir, por nuestra cuenta fuimos al hotel indicado en nuestro contrato y pagaron los gastos, debido a que el total del presupuesto era pagado al final del viaje y evidentemente hubiéramos descontado esta mala praxis.

Estos cenotafios, lamentablemente están situados en un entorno de molinos de aspas de una central eólica, algo que castiga la belleza intrínseca de estos jardines. Aún así, estas construcciones de piedra arenisca, donde supuestamente deberían estar enterrados miembros de la realeza, gobernantes y príncipes, es una autentica atracción y mucho más en la puesta de sol.

Una de las opciones y alternativas más concurridas en estos lugares es pasar una noche en el desierto entre dunas durmiendo en una tienda acondicionada con música y comida. En nuestro caso no entraba en nuestros planes este montaje para el turista y dedicamos el tiempo suficiente a la ciudad de Jaisalmer al completo.

Permanecimos dos noche en esta bonita ciudad. Es agradecido disponer de un día entero en una ciudad de esta categoría y dejar el coche aparcado por un rato. Después del viaje y con todo analizado, esta ciudad a fin de cuentas, sería la única que visitaría del Rajasthan en caso de tener que acortar días. Ahorraría trayectos en coche, avión directo para disfrutar de un gran alojamiento a precios baratos para cualquier viajero occidental.

Y ya puestos, para cenar en una azotea con vistas a la fortaleza, en el mejor restaurante de todo el viaje, recomiendo el restaurante Saffron. Está situado en una haveli que es una maravilla y recuerda a tiempos del Imperio Británico.