ISLA DE SICILIA

Una breve estancia en Sicilia de un día en una parada de un interesante crucero por el mar Mediterráneo occidental. Alcanzamos la isla atracando en Messina, ciudad situada al nordeste de Sicilia y por tanto muy cerca de la parte baja de la bota de Italia. De hecho, la península Itálica, es hasta visible. La capital es Palermo.

En general no había demasiadas expectativas de este destino,  pero resultó ser una de las agradables sorpresas del viaje, no por Messina en si, sino por las maravillas que entramos por el escaso recorrido insular.

La idea principal era visitar Taormina, observar el Etna y posteriormente ver el carrillón de la ciudad de Messina a las 12:00 horas en la catedral. A la salida de la terminal de cruceros hay ofertas de visitas a varias zonas con guía, como por ejemplo, Taormina. Hay también taxis oficiales que ofrecen ir a Taormina al precio de 25 € por persona ida y vuelta más o menos.

TAORMINA

Desde Messina hasta Taormina hay 53 kilómetros, que con tráfico generoso tardamos cerca de una hora para llegar. En algunos momentos desde la autopista hay bonitas vistas del mar. La población de Taormina es un centro turístico, enclavada en altura, es otro balcón al mar y con vistas excelentes al volcán Etna.

El pueblo es encantador con una calle principal repleta de comercios y bonitos edificios con balcones y plazas principales a modo de puntos panorámicos al Etna. Deslumbrante. Además estaba saliendo humo, cosa que es verdaderamente espectacular con el mar como invitado de honor. El volcán Etna está activo y con algo más de 3.000 metros de altitud destaca por encima de todo.

La visita a Taormina puede continuar por el antiguo teatro griego. Aún así, por falta de tiempo, no pudimos visitarlo debido a que había que regresar a Messina.

En las inmediaciones del mar, en la carretera y parte baja de Taormina, destaca la Isola Bella, una pequeñísima isla siendo un bonito lugar para bañarse y relajarse. Sensacional.

MESSINA

En Messina decidimos bajar del taxi en la parte alta. Así obtuvimos imágenes del barco y del continente para ir bajando con calma hasta la catedral. El edificio religioso es bonito pero el famoso carrillón mejor obviar. El aspecto más divertido era que empezaba una carrera por la isla de coches antiguos y la salida era desde la catedral. Messina es un destino únicamente para atracar el barco, no tiene ningún especial interés.


La travesía en crucero continuaba a las mil maravillas. Día de fiesta en el barco, segundo y último día de gala con un espectáculo estupendo. Además, a las 17:30 horas, sería visible por estribor y por tanto por el exuberante balcón del camarote el tremendo Stromboli a menos de dos kilómetros.

Una masa volcánica de 924 metros ofreciendo unos momentos preciosos. Estar tumbado en la cama y ver la enorme mole junto con las casitas de color blanco más algún que otro velero, es algo difícil de olvidar. A veces tiene estruendos, es tener suerte de pasar y que surja alguno. Otro volcán importante no muy lejano es el Vesubio, cerca de Napolés.