Distancia del día: 310 km

Tiempo: 5 horas 30 minutos

Tipo de carretera: Nacional (N8 y N13) 

Pernocta: Kasbah Hotel Camping Jurassique


FES

Día largo en todos los sentidos. Así que madrugamos un poco más de lo habitual para acabar la jornada completamente tal como estaba prevista. Fez el Bali es la medina por excelencia de Marruecos, milenaria e intacta durante mucho tiempo. Incluso algunos insisten en que es como viajar en el tiempo al recorrer un sistema laberíntico de calles y zocos.

El vehículo queda estacionado en el enorme aparcamiento del oeste de la medina y de la principal puerta de entrada al casco antiguo, la conocida como puerta Bab Bu Yelud. Ahora bien, para adentrarse en el corazón de Fes el Bali, hay que bajar una buena cuesta y al final de la visita no queda más remedio que subir.

Hay dos calles principales que bajan hacia el centro principal. Una a mano izquierda tras atravesar la puerta que es una vía casi directa (gran cuesta). Otra siguiendo la calle principal que poco a poco empieza a serpentear (pequeña cuesta). No hay problema, bajamos por una y subimos por otra siempre observando alguna que otra fuente de agua tan importantes en la cultura árabe.

Parece que paseamos en solitario, pero en realidad estamos siendo observados y hasta vigilados. En el mínimo despiste o parada seremos víctimas de cualquier individuo que modificará nuestro recorrido para enseñarnos algo de interés pero que descaradamente busca dinero en el contrato no escrito. Aquí un joven marroquí llama nuestra atención para desviarnos a quizás la imagen más representativa y bonita de Fes, las curtiderías o tenerías (Tannerie). 

Subimos a un terrado guiados por otra persona de más edad, que casualmente en el edificio tiene todo tipo de prendas de ropa de cuero, vamos una tienda. Después de las vistas y escueta explicación, intentará vender algún producto. Levemente conocemos el proceso de fabricación del cuero y quedamos bastante sorprendidos por la belleza del lugar mientras los trabajadores están currando de verdad. No es la curtidería más grande de Fes pero ya tenemos unas fotografías más que interesantes guardadas.

Pero ya que estamos puestos, quiero entrar a donde están los trabajadores, quiero sentir el trabajo, quiero ver el cuero de cerca y recorrer la curtidería desde dentro. No pasa nada, en Marruecos pagando todo es posible. Entonces aparece la figura del “guardián”, que es supuestamente el encargado de vigilar que no entre nadie por motivos de seguridad. Y parece correcto, sería imposible que todos los turistas estuvieran en medio de una curtidería. Finalmente por 100 Dirham, pedía el doble, tenemos oportunidad de hacer un bonito recorrido entre suciedad, olores, burros y todo lo inimaginable. 

Después de todo, lentamente, vamos descendiendo hasta la mezquita y universidad de Kairauine, encontramos la Madraza de Atarine y subimos a ver desde una de las múltiples terrazas las curtiderías de Chauwara, que son las más grandes y punto de encuentro de todos los viajeros de la ciudad. La menta que ofrecen los lugareños para colocar en la nariz y evitar olores es solamente para ganar una propina, el olor es perfectamente aguantable. Obviamente estamos ante posiblemente la imagen más representativa de Fes el Bali.


Alerta! En el momento de dar la propina al individuo marroquí, aparece otro amigo menor. Intentan dar pena con frases típicas como: "SOY DE FAMILIA MUY POBRE"; "NECESITO DINERO PARA MEDICAMENTOS"; "TENGO QUE COMPRAR LIBROS PARA LA ESCUELA". Hay un momento que al no ser guías oficiales, dicen que en teoría no pueden seguir por la medina por miedo a la policía. Después de ayudar con el carro, coger al niño en brazos y mucho más, le damos la merecida propina.

El camino de vuelta no tiene misterio, preguntamos como volver a la puerta “azul”, es el color de la gran puerta por donde accedimos. Ascendemos por la gran cuesta entre todo un mundo sorprendente, impactante en busca de un zumo de granada fresco para combatir el calor y cansancio acumulado. Es perfectamente posible ir por una medina con un carro de bebé, es que por la medina circulan vehículos de ruedas mucho más grandes que un carro de bebé, incluso caballos.

Desde las terrazas divisamos en una colina una especie de arco donde había bastante movimiento de coches y gente, parecía ser un mirador bastante frecuentado. Así que antes de marchar de la enorme ciudad de Fes entre un tráfico bastante denso, llegamos al mirador para contemplar la grandeza y majestuosidad de la ciudad, una imagen para el recuerdo.

IFRANE

Bastante ya empachados de grandes ciudades, medinas, zocos… seguimos la marcha por el medio Atlas con dirección a Ifrane. No tiene demasiados puntos de interés, pero es un lugar extremadamente serio, ordenado, correcto y limpio, más propio de un lugar europeo que del norte de África. Incluso hay gente que la denomina la pequeña Suiza, pero que no tiene nada que ver ni por casualidad.

Es un enclave básicamente de montaña para un turismo más de tipo local y bastante adinerado. En invierno es un serio lugar para esquiar y en verano es posible disfrutar de una gran cantidad de pequeños lagos y agradables parques. La universidad para ricos Al Akhawayn y un león esculpido de piedra de la época de la II Guerra Mundial, son los espacios más destacados.

Por una calle tranquila cerca de una mezquita, montamos nuestro campamento para hacer un merecido tentempié y la marcha sigue. El destino principal y objetivo claro es ir bajando hasta el sur para llegar al desierto el día de fin de año. En cierta medida estamos en el Parque Nacional de Ifrane que destaca por los bosques de cedros y los monos de Berbería.

CEDRO GOURAUD

Salimos de Ifrane en busca de la carretera que dirige a la vecina ciudad de Azrú. La mejor recomendación es en vez de ir por la carretera principal y nacional (N8), optar por ir por la P7229. Iremos atravesando unos magníficos bosques de cedros prácticamente en solitario.

La carretera enlaza definitivamente con la nacional en un mirador sin pena ni gloria. Más adelante, encontramos el desvío al bosque del cedro Gouraud por una pista en bastante buen estado hasta llegar al mismo aparcamiento sin ningún problema. 

Aquí mismo hay barbacoas, alguna que otra tienda de artesanía local, pequeñas teterías y todo en medio de un bosque muy profundo con muchas opciones de senderismo. Pero la gran actividad, la diversión para niños y adultos, es observar a los macacos de Berbería que andan sueltos a sus anchas esperando recibir algo de bebida o comida. Recomendamos no dar cacahuetes porque están hartos de comer, prefieren chocolate, fruta y dulces. Hay que tener un poco de cuidado porque son capaces estos animales de ser algo agresivos si llevamos la comida encima mucho rato y no la entregamos amablemente.

En medio de la nada y prácticamente sin andar, ya desde el aparcamiento, aparece el famoso cedro Gouraud que por desgracia está muerto. Tiene unas dimensiones desproporcionadas y es realmente una gran atracción impresionando a todo visitante.


Para penetrar en el Marruecos ya más interior, más rural y encontrando paisajes y lugares nunca vistos, quedaba un buen tramo de carretera y tiempo. Ni más ni menos que 220 kilómetros y algo más de tres horas de viaje por todo tipo de vías. 

Encontramos tramos tediosos y desagradables de obras, una constante habitual del país. Atravesamos puertos de curvas preciosos. Poblaciones más bien pequeñas recónditas. Carreteras rápidas con un asfalto en perfecto estado. Una serie de lugares que no dejan indiferente a nadie y donde es imposible aburrirse durante la conducción.

A la hora de cenar, poco antes de las 21:00 horas, estábamos ya instalados en el camping en medio de las gargantas del río Ziz y muy cerca de la ciudad de Er-Rachidia. Más tarde nos sentamos en el restaurante para empezar a degustar la comida más típica. Sopa, cuscús con verduras hervidas por encima y de fruta siempre mandarinas. Es quizás el punto débil de los restaurantes, el postre que podría ser algo más elaborado. Pero bueno, por el precio tampoco hay que ser muy exigentes y por lo menos sirven el famoso te a la menta.

El camping está lleno de viajeros, algunos ya veteranos, llevan la botella de vino o la cerveza propia a la mesa. Debido a las restricciones de venta de alcohol, a no ser de disponer de una licencia especial por parte del establecimiento, es imposible obtenerlo.