El objetivo de la etapa del día, ya para concluir y cerrar el viaje, es intentar realizar un poco de senderismo por los “siete lagos de Rila“, y más tarde acabar en el monasterio de Rila, en un lugar de absoluta serenidad. Solamente para cubrir estos dos elementos, hay que invertir una jornada entera con total seguridad. No hay distancias largas, incluso hay algún buen tramo de autopista, pero obviamente, hay momentos que hay que subir un puerto para alcanzar los lagos y una carretera estrecha para llegar al monasterio. Nos aseguramos unos buenos paisajes.

De Sofía a los lagos es algo más de una hora. De los lagos al monasterio, ya conseguimos detener el reloj en una hora y media. Finalmente, para retornar a la gran capital, una hora y tres cuartos. Hay tela que cortar. 

Las noticias no son demasiado halagüeñas en cuanto a la meteorología se refiere para ascender a más de 2.000 metros de altitud. Esta lloviendo, hay niebla y encima a tal altitud, ya hay nieve y hielo. Pero bueno, intentamos como mínimo llegar a la base y tomar una finalmente acertada decisión. Además, llevamos algo de ropa térmica, pero en ningún caso para soportar condiciones ciertamente complicadas.

El monasterio fundado en el siglo X por el mismo San Juan de Rila, espera posteriormente. Como sucede con muchos lugares de todos los puntos cardinales de Bulgaria, tampoco quedó indemne a los turcos y sufrió incendios, hasta por suerte, brillar en el día de hoy tras reconstrucciones. No nos preocupa en este caso la lluvia ni la niebla.


Información! Con el viaje finalizado, el itinerario ideal quedaría integrado por un triángulo entre Sofía, Veliko Tarnovo y Plovdid. Incluyendo alguna visita cercana según intereses a estas tres grandes ciudades. Desde Sofía, es recomendable ir al norte hasta Belogradchik y al sur hasta el macizo de Rila.

SIETE LAGOS DE RILA

En coche hay que tomar como punto final el telesilla que hay en Panichishte, aquí hay algún que otro hotel, muy diseminados por cierto, y un punto de información, nada más. El último pueblo importante antes de emprender el puerto de montaña es Sapareva Banya. 

El telesilla está a una altitud sobre los 1.500 metros. El telesilla está claro que es a la intemperie. El final del recorrido es a más o menos 2.100 metros de altitud después de media hora de trayecto en continua ascensión. Para completar la ruta hay que invertir cerca de cinco horas y llegar por encima de los 2.500 metros. Con el día que hace, en estas cotas, hay un riesgo alto de sufrir hipotermia o algo más grave. Después de experiencias en bicicleta de carretera y de montaña, la cordura indica que hay que abortar la misión. Menos mal que no hacemos caso a un trabajador del aparato, que dice que subamos.

Así que nuestra experiencia en los lagos de Rila, es que hemos alcanzado con éxito el inicio del telesilla sin poder aportar ningún dato de interés al viajero. En Cataluña, hay lagos estupendos sobre los 2.000 metros de altura, así que bueno, hubiera sido genial hacer deporte y ver los siete lagos de Rila, pero nos conformamos con lugares caseros también. Es lo que hay.

MONASTERIO DE RILA  

Durante el acercamiento al mismo monasterio de Rila, a ambos lados de la carretera, ya hay evidencias de hoteles y restaurantes. Está claro que estamos ante un punto muy frecuentado de gente, uno de los iconos de Bulgaria, un gran reclamo al estilo del resurgimiento nacional. Por cierto, más barato que por aquí y encima bien es imposible comer. 

En una zona boscosa, finalmente, aparece el formidable monasterio. Es difícil explicar todo el conjunto sin una guía en la mano. El aparcamiento es de pago, y es el más caro de todo el viaje, cinco levas. La entrada principal, ya deja entrever una perspectiva completa del recinto y complejo, impresionante. En cuanto al exterior, si miramos detenidamente, esta definido por altos muros de piedra al más puro estilo de una fortaleza. 

El suelo es de losas de piedra, cuidadas y barridas a cada momento. Hay un buen número de personas de mantenimiento y vigilantes o informadores. Ver los balcones que flanquean el patio con arcos entre colores blanco, negro y rojo, es muy pintoresco, sinceramente. Hay que sumar también, el colorido del bosque en plena estación otoñal, que imagen. En el monasterio es posible alojarse y tiene que ser una buena experiencia vital.

El monasterio está distribuido en la iglesia de la Natividad, que copa el centro del patio, con murales exteriores y un interior simplemente descomunal. El iconostasio son palabras mayores. Sobresale por encima de todo.

El siguiente elemento importante, de hecho, es el de más antigua construcción, es la torre de Hrelyo, pegada a la iglesia. Otro punto de interés interno es el museo del tesoro, que tiene un pequeño precio por acceder. 

Finalmente, la puerta posterior, concluye en una zona de restaurantes y tiendas de recuerdos por donde circula un arroyo. En este caso, entre el Covid y la época del año, todo está cerrado. Pero entiendo que en temporada más benigna de tiempo y sin pandemias, todo relucirá. No hay mejor manera para terminar el viaje que contemplar el monasterio de Rila. Hasta la próxima.